jueves, 27 de enero de 2011

Dios los cria y ellos se juntan.

Hola a tod@s.
Seguro que más de una vez, estando con un amigo charlando, os ha surgido la pregunta ¿y cómo nos conocimos tú y yo? Y es que la gran mayoría de las veces, si te pones a mirar uno a uno, resulta que tu círculo social de gente con la que más roce tienes no es la que en teoría debiera ser. Lo más normal (pensarán algunos), es que tuviéramos más amistad con la gente con la que hemos crecido en nuestro pueblo. La gente con la que hemos crecido en nuestros colegios de primaria y con la que hemos compartido un montón de años como compañeros de clase, y con los que hemos vuelto a coincidir incluso en el instituto o en la facultad.
Aunque siempre hay excepciones, no creo estar errado cuando aseguro que la mayoría de vosotros ya apenas mantiene contacto con esas personas de su pasado (y mirarle su perfil de facebook no vale como amistad...). Con el tiempo, vamos configurando nuestra telaraña social con unos criterios que misteriosamente se encuentran alejados de factores como la proximidad geográfica o la edad. Y si no "elegimos" a nuestros amigos por esto, ¿por qué será?
Acabo de leer un estudio que concluye que tendemos a hacer amistad con aquellos individuos con los que compartimos rasgos genéticos. Entre otros resultados, se ha descubierto que los portadores del marcador DRD2, que es un marcador genético asociado a hábitos como fumar, beber y otro tipo de adicciones, tienden a hacer amistad con aquellos individuos con el mismo marcador genético. Mientras que gente sin ese marcador, tiene lazos de amistad con otra gente con la que comparte ese rasgo genético. Esto se ha hecho para varias variantes genéticas asociadas a hacernos propensos a determinados comportamientos con idéntico resultado. Al final de la jugada parece que qué el curioso se junte con el curioso, el tímido con el tímido y el que no es de fiar con el que nos es de fiar, obedece a cuestiones de afinidad a nivel genético. Y no deja de ser curioso que algo que se ha sabido de toda la vida como bien demuestra nuestro refranero popular (Dios los cría y ellos se juntan; Dime con quien andas y te diré quien eres...) no se haya "redescubierto" hasta hace un par de semanas.
Si lo pensáis bien, veréis como aquellas personas con las que tenéis más trato y amistad no las conocéis desde pequeñitos. Llegaron un día, del que no os acordáis muy bien, y, no se sabe muy bien por qué circunstancia, se quedaron para siempre, sin más.
A partir de hoy, si alguna vez buscáis ese nexo de unión, esa circunstancia que os hizo conoceros y ser amigos, ese interés común en la personalidad del otro, podéis echarle la culpa los genes.

Un saludo a todos.

Berto.

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